Fantastica

¡Medita y perdona!

Hoy es un muy buen día para meditar y entender un poco más acerca de la importancia del perdón, empezando por el perdón propio y emanando aquel perdón que necesitamos darle a los demás.

Si eres de las personas que con facilidad sufre por no encontrar la manera de pedir perdón o escuchar y sentir el perdón de los demás, debes leer y empaparte de la importancia de fluir en el perdón, el permitirle entrar a tu vida de la manera correcta, entendiendo que así como tú puedes fallar y debes perdonarte, es bueno si puede reconocer que las demás personas también pueden errar y que perdonar no solo los ayudara a ellos, realmente a quien ayudara será a ti.

Nuestra profesora de yoga María Elisa González, nos invita a cuestionarnos, ¿Cuántas veces te has perdonado a ti mismo, ¿eres una persona que perdona fácilmente? ¿Pides perdón con facilidad?, es muy fácil juzgar, pero no es tan fácil ponerse en la posición de las demás personas.


´ No necesitamos tener una persona en frente para poder pedir perdón, el perdón es un regalo que nos damos a nosotros mismos, el perdón es el regalo más grande, nos liberamos de nosotros, de nuestros propios juicios, creencias y opiniones, nos damos la oportunidad de modificar lo que creemos de otras personas y lo más importante es que lo hacemos por amor a nosotros mismos, nuestra verdadera trasformación interior empieza por nuestro perdón´, explica María Elisa.

El perdón puede llegar a ser una palabra a la que le tengas miedo, una palabra que te cueste aceptarla, pero la idea de buscar meditar es cambiar el concepto que tienes y sentirla de una manera diferente.


María Elisa nos invita a pensar en las personas a las que quisiéramos enviarles esta palabra, sea por cosas del pasado, presente, acciones o circunstancias fáciles o difíciles, pero siente la necesidad de soltar ese peso del perdón e imagina y díselo a todas las personas que deseas, empezando por ti misma, repite varias veces la palabra, para sentirla, mientras te permites respirar con la comodidad que sientas.

Pronúnciala a lo largo de tu día, mientras caminas, corres, trabajas, cuando recuerdes, dila y siéntela, deja que fluya y perdónate a ti y a los demás, medita a tu forma y regálate siempre unos minutos de silencio en tu exterior y de mucho movimiento en tu interior.

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